Servicio de aniversario · domingo 27 de septiembre de 2026 · Centro Cristiano Ríos de Agua Viva Internacional · Mensaje por el pastor Andy Liendo

Un aniversario no se celebra solo con fiesta: se celebra reconociendo quiénes somos en Dios. Con esa convicción, el pastor Andy Liendo predicó el mensaje central del servicio de aniversario: «El ADN de Ríos de Agua Viva», desde el pasaje que le da nombre a esta casa:

«Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.» (Juan 7:37-39)

Celebrar es reconocer la identidad

La identidad es algo que Dios se toma muy en serio: antes de nacer, ya tenemos nombre. Por eso celebrar este primer aniversario del templo construido para Dios es, ante todo, reconocer la identidad del ministerio: un ministerio que nació en 1984 con una familia de misioneros, pasó de familia en familia, y permanece hasta hoy.

«Ríos de Agua Viva es un ministerio que vino para quedarse… va a permanecer hasta la venida del Señor Jesucristo.»

Primera marca del ADN: reconocer la sed

El llamado de Jesús tiene tres pasos: «Si alguno tiene sed» — reconocer la necesidad espiritual, porque «nosotros tenemos sed… todos los días»; «venga a mí» — como la hermana que evitaba pasar frente al templo en construcción y al inaugurarse dijo «ya no tengo excusas»; y «beba, reciba».

Y una advertencia de amor para los que servimos:

«El culto, el servicio no reemplaza la intimidad con Dios.»

Por eso los líderes de esta casa se comprometen a ser transparentes: cartas leídas. «El que crea que está firme, mire bien» (1 Corintios 10:12).

Segunda marca del ADN: «como dice la Escritura»

Esta es una iglesia escritural: la Escritura es la única y máxima autoridad de la casa.

«Como dice la Escritura: no hay una autoridad más alta en medio de esta casa.»

Una iglesia sustentada en la Escritura no hay quien la mueva de su propósito frente a «todo viento de doctrina» (Efesios 4:14). Y el propósito está claro: «ir y hacer discípulos hasta lo último de la tierra» (Mateo 28:19). Predicar, sanar y liberar.

La revolución del mensaje: el templo ahora somos nosotros

Hasta ese día, todo giraba en torno al templo físico de Jerusalén y el ritual. Lo innovador del mensaje de Jesús es que el templo ya no es el edificio: el templo es el interior de los que creen.

«Nosotros somos el cumplimiento de esa palabra… somos templo y morada de su Espíritu Santo.» (1 Corintios 6:19)

Por eso nuestra identidad se resume en dos palabras: «ríos en mí».

El Dios que se mete en lo pequeño

En la fiesta de Sucot, Dios —omnipresente, con una gloria inmensa— decidió meter toda su gloria en una choza para habitar con Israel en el desierto. Siglos después, Cristo tomó su deidad y la metió «en el cuerpo frágil de un humano». Y Jesús dijo: «les conviene que yo me vaya… vendrá el Consolador» (Juan 16:7).

«Que Dios meta toda su deidad en una chozita.»

«¿A dónde me iré de tu Espíritu?… Donde quiera que vaya, tú estás» (Salmo 139:7-8). Las aguas de Ezequiel (Ezequiel 47) siguen corriendo. Por eso nosotros somos una iglesia del Espíritu Santo.

Iglesia del Espíritu Santo: testimonios de provisión

Creemos todo lo que la Biblia dice del Espíritu: su unción, su poder, sus frutos. Y los frutos del año lo confirman: dos promociones de discípulos, más de 150 servidores en un año… porque «no es con fuerza ni con ejército, sino con el poder de su Espíritu Santo» (Zacarías 4:6).

Los testimonios se multiplican: el teclado para la iglesia en EE. UU., el joven tecladista llegado justo a tiempo… «cualquier cosa que necesite este ministerio para extender el reino de Dios, Él lo va a proveer.»

El cierre: conectados lo podemos todo

«Separado de ti nada soy, nada puedo, pero conectado contigo lo puedo todo.» (Filipenses 4:13)

El mensaje cerró pidiendo más del Espíritu, sus frutos —gozo, paz, benignidad, bondad, templanza, mansedumbre, fe, amor (Gálatas 5:22-23)— y recuperando el derecho de soñar: «Seremos como los que sueñan» (Salmo 126:1). «Toda buena dádiva… desciende del Padre de las luces» (Santiago 1:17).

«Tus sueños los plantó Dios en tu corazón.»

Y la oración final pidió fuerzas nuevas, señales, milagros, provisión sobrenatural y una doble porción de su Espíritu sobre cada familia: raíces de amargura arrancadas, sabiduría de lo alto y puertas abiertas. ¡Amén y amén!

La celebración

El servicio continuó con la Santa Cena del Señor (1 Corintios 11:23-26), el llamado al altar donde varios recibieron a Cristo (Romanos 10:9), y una gran celebración con las familias pastorales y la bendición final sobre toda la congregación.

Revive el servicio de aniversario completo aquí (la predicación comienza en el minuto 59):